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el informador informal

Los engordan para que nos deglutan después sus calorías mentales

No paran de recibir invitaciones. Pertenecen a un selecto grupo de especialistas en sentarse en comidas de alcurnia en las que debía circular mucha materia gris por mantel cuadrado pero lo que más se mueve son las viandas, los caldos de reserva y demás licores y puros. Se arriesgan con cualquier invitación o sitio a donde los llamen, sin ningún escrúpulo: en presentaciones de editoriales, actos sin o con cultura, conferencias de prensa, simposiums, congresos, presentaciones de otros personajes, actos institucionales o promociones.
No, no tienen por qué pertenecer al famoseo del que muchos reniegan pero que contribuyen a alimentarlo con sólo mencionarlos. Sin embargo, a veces se intercambian o tienen el don de la ubicuidad para cubrir varios frentes a la vez sin dar un palo al agua, o sea, sin desgastar una neurona ni producir más que un refrito. Pero a menudo están, se dejan ver y luego lo explican como si esas ideas que justifican la comilona fueran sesudas reflexiones en vez de lo que son, obviedades para las que con poner cara de ingenuidad ya basta.
No, tampoco deberían ser sólo la clase política, aunque entre el famoseo y la clase elegida por urnas cada vez más vacías también anda nuestro juego gastronómico y figurativo.
No queda más remedio que nombrarles, pero con respeto para la inmensa mayoría que no pertenecen a ese pequeño núcleo de defectuosos figurantes. Son alguna clase intelectual y periodística. Es evidente que entre ellos se alimentan para después autocomplacerse de lo maravilloso que es encontrarse casi siempre en parecidos sitios que después recogen en sus gacetillas mediáticas que a su vez dan pie a nuevas ideas las cuales acaban siendo un artículo muy comentado que llega a un editor y a la larga ofrece la posibilidad de darle forma de libro con lo que se presentará en público con comida incluida y nueva información a los mismos medios con que iniciábamos esta extensa descripción.
Las crónicas periodísticas de eventos pseudodivinos, intelectualmente hablando, casi siempre mencionan la cantidad y calidad de los canapés, la categoría de los no sé cuántos tenedores del lugar, los manteles de hilo o la cubertería que se conjunta con la masa encefálica de tantos cerebros en tan encumbrado local. Este tipo de rufianes complacientes consigo mismos a menudo son quienes ayudan a crear estados de opinión y a conducirnos a pensar lo mismo porque unos cuantos mediáticos ya nos lo ofrecen masticado. Y no se dan cuenta que eso es fruto de sus indigestiones y de unos ácidos gástricos que sólo les ha conducido a la frase acertada porque coincidió con el sentir general, sin atreverse a ir más allá y arriesgarse en la construcción de argumentos más elaborados.
Periodistas bien alimentados hay muchos. Quien sabía del tema era el creador del Premio Planeta. José Manuel Lara repitió, donde los periodistas no le silenciaron, que quienes más le habían ayudado en su premio eran estos profesionales. ¿El truco? Cuidarlos, invitarles a comidas, darles regalos, favorecerles su trabajo con informaciones casi hechas, agasajarlos siempre que se pueda, sortearles viajes y tenerlos contentos. Este ritual cada año se repite antes del 15 de octubre, día de la publicación del siempre secreto a voces nombre de las personas premiadas. ¿Es una excepción? Desgraciadamente no. Basta preguntar a los Departamentos de Prensa, Gabinetes de Comunicación y otras triquiñuelas para saber cómo las buenas digestiones encumbran aunque intelectualmente sean de electroencefalograma plano.
No obstante tenemos suerte. No son todos pero los que son están ahí y arman mucho ruido.

Derechos de autor y autores con derechos

Al caer el sol los de siempre extienden sus paños cargados de copias pirata por los lugares habituales. Siempre están donde se les vea, donde puedan mostrar su pan de cada día y ofrecérselo a aquellos transeúntes que se alimentan con sucedáneos copiados del original. Cuando se quejan las tiendas oficiales se les persigue, más que nada porque también dicen que afean la imagen oficial de la ciudad.

Cuando amanece las casas de discos ponen en marcha sus máquinas productoras de canciones, su estructura organizativa legal de la que saldrán productos que también alimentarán los gustos musicales pero no de transeúntes, sino de compradores con IVA incluido. Por todo ello a los autores apenas les quedará menos del diez por ciento de las ventas pero, claro, estos en vez de rebelarse contra los auténticos usureros que disponen de la maquinaria, se enfrentan con la pobreza callejera y la culpan de sus males monetarios, como si ellos fueran los causantes de que los cantantes trabajaran para las pingües cuentas de resultados de multinacionales con sede más allá del mar.

Durante las veinticuatro horas de cada día, internautas del orbe conectan sus máquinas y montan un mercado de intercambio virtual, símbolo de la democracia más participativa que en una sociedad comercial hubiera (pero, claro, atentando contra sus normas mercantiles más especuladoras). Todos conjugan el verbo “grabar” sin fallar en ningún tiempo, mientras su trueque molesta a los dominadores oficiales del entramado montado en torno a la música.

Multinacionales, sociedades generales de autores (o sea, gremios defendiendo sus intereses: los de ellas), gobiernos y algunos autores ven peligrar los márgenes comerciales e impuestos afines y, en vez de comprender fenómenos anteriores y, si es su modelo, luchar contra la marginalidad con ideas innovadoras, todos juntos imploran por los derechos de autor. Siempre lo mismo: unos autores tienen más derechos que otros cuando el mercado que los domina se siente amenazado. A veces alguien les ilumina su modelo ya envejecido y cualquier Apple con su Ipod o Gilberto Gil con sus derechos compartidos, u otras empresas de venta de canciones por Internet, les descubren lo que se niegan a ver.

Imploran a los derechos de autor por obras en vinilo empaquetadas en celofán y con el código de barras puesto. Bien está que lo hagan si no fuera que habría que ver el conjunto de lo que implica ser autor y tener derechos. Porque Internet está llena de grandes ideas, de personas que ofrecen sin recargo sus brillantes genialidades, que comparten sus conocimientos gratis y nunca imploran derechos de autor. Quizá haya muchos ideólogos de piezas musicales que se hayan inspirado en un texto de internet, en una conversación oída en cualquier sitio o en una reflexión leída y nunca se le pasó a la voz de su amo extenderle un talón bancario como señal de pago por los servicios prestados. Hechos similares ocurren con tertulianos y opinadores profesionales, amantes del refrito que más se aplaude o del grito más populachero, los cuales se nutren de opiniones ajenas, de ideas fruto de llamadas telefónicas, de SMS, del correo electrónico o de artículos que cazaron al vuelo. Y tampoco se les ocurre otra cosa que cobrar su “actuación intelectual” sin avergonzarse por ello.

Todos los autores tienen derechos, incluidos aquellos que comparten ideas, quienes ayudan a pensar sin cobrar, quienes enseñan, quienes corrigen o producen algo y nunca recibirán nada a cambio. Y también y por encima de todo, los que tuvieron que abandonar su país y no les queda más remedio que extender por los suelos copias de ideas ajenas, porque las suyas propias no cotizan ni quieren ser escuchadas, en un mercado bastante marginador con el pobre o con el que no aparenta la última tendencia que pide la multinacional de turno o la “clase” intelectual de los allegados al poder.

Curiosas discriminaciones en el Día de Sant Jordi

En Cataluña el 23 de abril se celebra el Día de Sant Jordi, patrón de esta Comunidad Autónoma y motivo para aglutinar en torno a este día una tradición muy arraigada: el hombre le regala una rosa a la mujer y ésta, un libro. Esta costumbre se ha extendido tanto que, además de seguir haciéndose entre parejas o amigos, los regalos son indistintos y a menudo son un detalle de amistad, comercial o de proximidad.
El Club Natación Terrassa (Barcelona) instauró la costumbre de regalar una rosa a las socias y nada a los socios. Si querían podían comprar(y pagar, por supuesto) la flor en un puesto instalado para este fin. Este detalle repetido cada año motivó una queja por mi parte a la directiva del club el año pasado. Creía que era discriminatorio con la tradición y con los hombres. Como el 23 de abril de este año se volvió a repetir la misma tradición, escribí una carta a DIARIO DE TERRASSA, el diario local, y el pasado jueves 28 de abril la publicaron. Está en catalán. Si queréis podéis usar estos traductores: www.comprendium.es o bien www.internostrum.com

Les roses del Club Natació Terrassa
La Diada de Sant Jordi és un dia especial a Catalunya, amb una simbologia concreta de la qual no cal parlar. Un dia que respon a una tradició general i que, per altra banda, també podria servir per pensar en temes socials contraris a l’esperit de la Diada, com la incultura, el baix índex de lectura, qualsevol tipus de discriminació o la violència de gènere. Tal dia com el 23 d’abril de cada any tant les persones com les institucions o entitats a vegades interpretem la tradició amb matisos molt singulars. Per exemple, un club que ara s’està engrandint de la mà d’una directiva que segur que dedica més hores del compte al benefici de les sòcies i dels socis. Parlo del Club Natació Terrassa, format per una gran massa social que a poc a poc veu els fruits del bon treball de les persones que el dirigeixen. Però, a més d’aquestes grans millores, a vegades es conserven tradicions instaurades fa anys que ara es podrien interpretar com discriminatòries. Em refereixo a l’anunci del seu butlletí INFO-NAT en que diu que el 23 d’abril “regalarem una rosa a les sòcies que visitin el club”. L’any passat vaig escriure a la directiva dient que cal lluitar contra totes les discriminacions, i las de gènere en especial, i que si es vol respectar la tradició es podria regalar una rosa a les dones i un llibre als homes o bé roses o llibres a tothom. Ja sé que és un detall sense importància, potser mal interpretat per qui això escriu (i, si cal, demano disculpes). Però jo, en vistes d’això, cada any faig el mateix. Quan surto del meu club vaig a una superfície comercial i allà no discriminen a ningú: a totes i tots ens regalen roses.

El alto nivel de vida de mezquinos racistas

Hoy, a las 18 horas, dentro de un bar de la principal calle del pueblo con mayor renta de Cataluña (conversación en catalán):
- Mira Jordi, ¡estos moros asquerosos que hay ahí fuera son una mierda! ¿Os habéis fijado lo mal que huelen? Es inaguantable pasar al lado de ellos ¡Estoy harta de ver a esta gentuza aquí en el pueblo!
- Vamos afuera con cuidado que hemos de pasar al lado de ellos. Vigila porque como están trabajando, a lo mejor pasas al lado de ellos y te apestan con su olor. Esperemos que se aparten de la calle para dejarnos pasar.
Es parte de una conservación escuchada en Matadepera, Barcelona, el pueblo con mayor renta per càpita de Cataluña, según las estadísticas oficiales. Situado entre Sabadell y Terrassa, a las faldas de la montaña de La Mola, en el parque natural de Sant Llorenç del Munt, actualmente está mejorando la pavimentación de las calles de la zona principal del pueblo. La zona más transitada es la que provoca un sinnúmero de comentarios de ciertas personas(afortunadamente no todas) que no están acostumbradas a aguantar más obras que aquellas que ellas dirigen a través de sus empresas en otros lugares, o que su ámbito de vida no permite ni el barro ni el polvo ni tampoco esa masa laboral encargada de cobrar míseros sueldos que les suelen pagar los que gozan de tanta renta, quizá ganada con el sudor de los de enfrente.
La realidad de quienes viven bien, comparados con los que trabajan en las calles, son dos extremos que los nativos no permiten ni que se rocen. Casi todos los trabajadores que se encargan de dejarles unas bonitas calles son marroquíes, personas con una gran agilidad en el trabajo, con escasas pérdidas de tiempo y con una amabilidad exquisita cuando se debe facilitar la movilidad de quien no tiene más remedio que pasar. Y estos son los degradados, los que sobran, los que huelen.
Aquellas damas están acostumbradas a convivir en su pueblo con carteles alusivos a Matadepera solidaria, acogedora, respetuosa con los derechos humanos, ecológica y no sé cuántos lemas más que algunas ONG cuelgan de las farolas, pero sus mensajes quedan colgados muy altos y a merced del viento. Bastantes personas del núcleo con la renta tan alta sólo conviven con los emigrantes que les atienden su casa, les cuidan sus hijos o les arreglan sus calles. No, no, aquí si vive algún emigrante debe ser algún ejecutivo o ejecutiva de algunas empresas multinacionales (o quizá de las de aquí, de las que aman tanto a su país - aquí se llama Cataluña- que se externalizan o cierran y se trasladan a Marruecos, China o los países del Este).
Afortunadamente en Matadepera hay un gran movimiento cultural y grupos que no son así, y que sitúan la rentabilidad de los derechos humanos por encima de la riqueza tan elevada de las arcas municipales y personales del vecindario. Sin embargo, es preocupante que haya tanta gente tan racista con quienes nos recuerdan que hay trabajos que despreciamos y, encima, dejamos retratado nuestro nivel mental maltratando a quienes los hacen para que sigamos presumiendo de esos privilegios que tenemos con un ¿nivel de vida? que nos puede conducir a veces al olvido de la condición humana, o sea, de nuestra condición.

Casi todo (des)educa

La opinión pública necesita temas recurrentes que deben emerger y ocultarse según los antojos del mercado ideológico del momento: opinólogos, medios, oficinas de comunicación, organizaciones educativas o políticas. Como una noticia dura lo que permanece en nuestra conciencia, atizada por la machacona repetición desde todas las antenas informativas del mensaje único, en el momento que dejan de fijárnosla en las neuronas más externas, todo se olvida sin dejar rastro en el sustrato más profundo de nuestro pensamiento.
La educación forma parte de uno de estos temas porque ya es un tópico fácil, como hablar del conservadurismo del anterior Papa, de la televisión basura, de la calidad de vida o de cualquier otro contenido prefijado en el calendario vital. Cualquier estudio estadístico hecho por el más desconocido organismo, la conclusión más descabellada del intelectual del momento o del profesor más esnob, la iniciativa más insólita del político más maleducado, todo puede ser motivo para encender los ánimos de los conversadores que cambian hablar del tiempo por la obviedad que les han servido en un titular.
Nos preocupa qué hacen con la infancia en los edificios escolares, quizá porque pagar impuestos puede llevar implícita la idea de rescatar una recompensa útil en los más pequeños, que los formen y hagan aquello con lo que no nos enfrentamos en casa, justificándolo con motivos del tipo del cansancio del trabajo, mi hija no me hace caso, me ve de otra época, el móvil es más comunicativo que yo, el ordenador le responde mejor ante mis silencios y el cuarto personal es el mejor refugio cuando la ausencia de diálogo no da más de sí.
Ante esto, se da la tendencia de la evasión de responsabilidades porque éstas se difuminan entre múltiples “encargados” de hacerlo: que si la sociedad, los medios de comunicación, la escuela, la familia, la publicidad, el consumo, la calle, los centros de diversión. Se pueden echar balones fuera y que vayan botando y pasando por encima de cada posibilidad anterior. Al final, parece que hoy todo educa y deseduca. Nadie está libre como para pegarle con su piedra acusadora a nadie porque ésta se le puede caer encima por ser un (i)responsable. Por tanto, esa buena educación a la que se refiere ese inefable sociólogo catalán (opinador de todos los temas divinos y humanos que se le crucen por su cuenta bancaria) depende de todos los que nos movemos en la sociedad.

¿O es que todos no queremos asumir responsabilidades? Si ocurriera esto sería la mejor semilla para recoger la falta de educación.

Marcajes

Es tan normal que sería raro ver a una persona sin una marca encima. A todos nos marcan extrnamente. No nos salvamos. Es lo que hay. ¿O no? El made in china en forma de marca nos domina tanto que es una identidad más que vamos adquiriendo a medida que caemos en las redes de la asimilación de la filosofía del logo, del símbolo, del signo, de la moda, de la hechura, del objeto o del sujeto derivado como final del proceso. Así somos porque nos amasan cada día así, nos dejamos y encima pagamos tanto que sus cuentas de resultados son la consecuencia de nuestras marcas en carne propia.
Modas, piercings, collares, y la penúltima, las pulseras. No, no son de bisutería ni de diseños exclusivos. Simulan ser con finalidades benéficas y se identifican por colores y por grandes causas: la amarilla del cáncer que promueve el ciclista Lace Armstrong fue una de las precursoras. Pero ya hay contra el racismo y contra muchas causas más. Muñecas llenas de estos plásticos, presumir de tenerlas o no, te cambio la del cáncer y la del no al racismo por ese último modelo. Buenas ideas para poner y para colaborar. Quien pretenda interpretarnos, aquí tiene material, todos estamos a expensas de publicistas primero y, después, de semiólogos y sociólogos que nos interpretan. Más allá de la identificación con el grupo y de mirarnos en el espejo de los demás, quizá nos quede, entre otras enseñanzas, el esperar a ver cuál es la próxima moda para cubrir nuestra capa exterior. Y, erespecto a nuestros adornos en la zona interior, he ahí la duda.
Yo pienso apuntarme el primero cuando abran la lista de espera del próximo y más innovador marcaje.

¿Las lenguas y los bienes económicos se relacionan?

Hoy aparece un artículo en el diario catalán AVUI que no tiene desperdicio. Muchos pensamos que más importante que el soporte, el idioma, es el contenido y la convivencia, pero siempre hay alguien que publica otras versiones que abundan en los respetos lingüísticos humanos. Hoy, 7 de abril, en la página 65 de la sección SERVEIS, en una minisección titulada "Llir entre cards" aparece un artículo de Salvador Sostres bajo el título de "Parlar espanyol és de pobres" (Hablar español es de pobres). Permitidme la licencia de no traducirlo al castellano por falta de tiempo por mi parte. Os facilito un muy buen traductor llamado http://www.internostrum.com para que os lo convierta en castellano mejor que yo.
Os lo añado aquí, sin el permiso del autor, (disculpas Salvador Sostres, si quieres lo quito):
http://www.avui.com/avui/diari/docs/index4.htm
LLIR ENTRE CARDS
Parlar espanyol és de pobres
Salvador Sostres
A Barcelona fa molt hortera parlar espanyol, jo només el parlo amb la minyona i amb alguns empleats. És de pobres i d'horteres, d'analfabets i de gent de poc nivell parlar un idioma que fa aquest soroll tan espantós per pronunciar la jota. Aquests que no parlen en català sovint tampoc no saben anglès, ni francès, ni qui és monsieur Paccaud. Però no només a Catalunya l'espanyol és un símptoma de classe baixa. L'amic Riera em facilita aquestes dades de l'ONU del 2002. Renda per càpita de Noruega, 36.600 dòlars; Dinamarca, 30.940; Islàndia, 29.750. Tots tres països riquíssims, amb economies internacionalitzades i llengües més petites que la nostra però que les parlen sense complex. Contra aquesta absurda creença que el català ens tanca portes, aquestes dades prou eloqüents de si serveix o no serveix una llengua minoritària. En canvi en el meravellós món hispànic la pobresa és l'única dada. La mitjana dels 13 principals països americans que tenen l'espanyol com a llengua, comptat des de l'Argentina, Xile i Mèxic fins a Nicaragua, Hondures i l'Equador, és de 6.209 atrotinats dòlars de renda per càpita. Catalunya parlant català i malgrat l'espoli fiscal infligit per una Espanya que no té ni la decència de publicar les xifres del robatori, té una renda de 26.420 dòlars. Hem de triar model: Noruega o afegir-nos a la caravana de la misèria. Només cal veure com les zones més riques de l'Estat tenen una altra llengua pròpia: i és evident que l'Estat el mantenim, pagant molt i molt, els que no parlem en tercermundista. És veritat que en espanyol s'han escrit pàgines d'una bellesa emocionant, però el destí dels països que el parlen ha estat històricament d'una fatalitat irrevocable. Parlar espanyol sí que tanca portes, i destins: mira. L'independentisme a Catalunya està absolutament justificat encara que només sigui per fugir de la caspa i de la pols, de la tristesa de ser espanyol.

A continuación reproduzco la Carta al Director que le acabo de enviar al diario AVUI:
Senyor Director:

L'article del dilluns 7 d'abril del seu col.laborador Salvador Sostres, a la secció SERVEIS, dins la columna "Llir entre cards" i titulat "Parlar espanyol és de pobres" crec que està amparat per la llibertat d'expressió que tots tenim però no pel respecte als més elementals drets humans, com és el de la parla i el de no aixecar falsos testimonis en general. Com usuari del català i del castellà considero ofensiu aquest text, i si l'autor el vol justificar com una producció intelectual amb la qual va voler aconseguir un to irónic especial, ho sento però el seu contingut està per sobre de les més elementals normes de convivència.
D'altra banda, felicito al "ric" del senyor Sostres però els seus raonaments per justificar que és ric són d'una simplesa tremenda. Per la meva banda, estic a favor dels pobres i respecto als rics però no m'identifico gens amb un text que a on millor hauria de ser-hi és a un jutjat "mental" de guàrdia, tot i que també està molt bé que es publiqui per saber fins a on es pot arribar quan, a lo millor, per agradar a una immensa minoria i omplir un article, s'han d'inventar esnobismes sense sentit.

La biónica digital que queremos que nos domine

La adaptación a las nuevas tecnologías y a los incesantes avances de todo tipo produce ya una nueva forma de ser en sociedad y en privado de muchas personas. Nuevos productos ya se han convertido en apéndices de nuestro cuerpo y órganos sensoriales condicionantes del pensamiento.
No hace muchos años la biónica se planteaba como muy futurible y cualquier adelanto que mejorara las condiciones vitales era recibido como una ayuda que nos conduciría a vivir más y mejor. ¿Era la persecución de la inmortalidad de la mano de los avances científicos aplicados al cuerpo humano?. El cuerpo tendría piezas de repuesto para cuando la auténtica dejara de funcionar bien. Las medicinas eran un seguro de vida, como sin fueran un Dios que pasaban a la práctica curativa los garabatos médicos.
Hoy ya no hace falta soñar con aquellos idealismos. Ya tenemos tantos inventos que han pasado a ser unos intermediarios entre la realidad y nuestras percepciones más íntimas. Si miramos al entorno, a las pruebas nos remitimos: adornos corporales, perfumes, maquillajes, disfraces cosméticos, metales colgados o pinchados de cualquier sitio imitando a las tribus africanas pero siendo del Primer Mundo,y, por supuesto, los instrumentos tecnológicos de todo tipo y condición: móviles simples, portátiles de diversos tamañaos, reproductores de música MP3, cámaras de fotos digitales, móviles con vídeos o fotos, etc.
A menudo los sentidos los traspasamos a estas tecnologías, se han adaptado a su forma de ver la realidad que sólo conocemos lo que pasa mediatizado por estos aparatos. ¿El mejor recuerdo está en la foto difital o en impresión emocional que se archiva en la memoria? Todo se complementa pero la tendencia es más al almacenamiento exterior que a la vivencia interior. ¿Es malo? Es diferente, propio de los avances que nos introducen "por todos los sentidos".
La Iglesia católica y el actual parque temático del Vaticano son un ejemplo más que no le hacen sombra a cualquierotro sitio donde dirijamos nuestra tecnología. Juan Pablo II supo muy bien trasladar sus aprendizajes y aficiones teatrales al mundo de la comunicación, de la imagen, de la promoción y de las multitudes. Una buena técnica, al mismo nivel que cualquiera que pretenda tener éxito con sus productos o ideas. Una estrategia tan acertada o deafortunada como las que nos rodean: en la política, en la publicidad, en la enseñanza, en cualquier fenómeno social. Sin embargo, sus fieles han sabido practicar con toda la parafernalia tecnológica ante su presencia ya cadáver. Los segundos que pasaban delante muchos los aprovechaban para verlo por detrás de un visor. La foto mejor que la simple vista. Es el ojo electrónico, quizá más seguro que el real. Son manifestaciones diarias en las que todos estamos dentro. Por ejemplo ahora, el teclado de este ordenador como prolongación del pensamiento que se escribe.
¿Son síntomas de las uniformidades del desarrollo?

Pantallas y mediocridd

La televisión, esa caja tonta que de tanto decírselo nos hace reunirnos en torno a ella y, a menudo, nos convierte a su imagen y semejanza, pues ese medio agudiza el ingenio de sesudos semiólogos, de ingenuos espectadores y de medianos pensadores.
Es un curioso medio que entronizamos como si no tuviera derecho a estar apagada o sin que el primer "Gran Hermano" que gana unas elecciones o compra sus acciones, nos la pudiera servir en bandeja a su gusto y a nuestra semejanza.
Le damos tanta importancia que vemos lo que nos quieren ofrecer pero desoímos sus mensajes de mediocridad manifiesta. La televisión en general es mediocre, no puede informar demasiado de nada y los anuncios son de las mejores composiciones de arte audiovisual, al alcance de futuros compradores.
¿Entramos en temas manidos?: las informaciones de un noticiario caben en poco más de dos folios por las dos caras ("nos encanta el espectáculo de la noticia", dicen algunos periodistas televisivos), la altura intelectual de muchos programas está a nivel del mar, muchos concursos consideran a quien los ve como cerebros huecos, por tados los lados se cuelan "inocentes" ideas mercantilistas, consumistas o ideológicas. Pero, a pesar de todo, la vemos y la entronizamos en nuestro altar doméstico. Y los que pueden luchan por dominarla. Todos sabemos lo que tiene y lo que no. Pero la seguimos viendo. Y encima le mentimos a las encuestas. Los españoles dicen no preferirla como opción de ocio (más de tres horas diarias delante de ella), prefieren los documentales (pero ven telecomedias), las cadenas públicas (estatales y catalana) apuestan por programas de calidad y los audímetros no detectan televidentes. La telerrealidad es más preferida que los temas reales. Telecomedias, concursos, he ahí lo que el pueblo prefiere aunque haya programas de gran calidad, dentro de la mediocridad, claro.
¿En qué quedamos? Aún no podemos despejar si la televisión ofrece lo que la gente quiere o es la gente la que hace que la televisión programe aquello que su capacidad intelectual prefiere y es consumido por las grandes masas, en medio de innumerables anuncios.
Cada vez la televisión nos mira más que nosotros la contemplamos. Menos mal que, si otra vez las estadísticas no nos vuelven a mentir, los jóvenes dicen preferir Internet a aquella caja tonta. Claro que esta solución no deja de ser otra pantalla, que a menudo repite los errores televisivos pero con una capacidad de creatividad y de difusión que aquélla aún no tiene.
Por encima de todo, nuestro pensamiento ¿dónde está situado? ¿Delante, detrás, dentro o fuera de tantas pantallas como tenemos ante nuestro cerebro?

Uniformidad de informaciones con libertad para informar

Cualquier persona amante de recibir puntual información cada día se ve sometida a un sinfín de palabras o imágenes muy repetidas a lo largo del día. Este incesante bombardeo informativo se ve mejor en la radio o televisión que en la prensa escrita.
Varios ejemplos muy convencionales.
Uno: quien sea fiel seguidor de una sola emisora de radio, que recapacite al final del día si no le han imbuido en su cerebro lo mismo de una o varias maneras, dicho por diferentes personas o ratificado por comentaristas que abundan en los mismos temas o parecidas reflexiones. ¿Es producto de la libertad o de una única línea informativa m—as o menos encubierta o explícita? Por encima de todo, se implora a la libertad de expresión (faltaría más no acudir a ella aun cuando no hace falta).
Dos: quien vaya de viaje y se deje amenizar su tiempo por una única emisora, al llegar a su destino puede hasta recitar de memoria parte de los contenidos escuchados (si es que es capaz de sintonizar las emisoras de radio, labor harto difícil: ¡emisoras digitales, os esperamos!). Los mismos, repetidos hasta la saciedad.
Tres: Cambias de estación de la radio informativa y…más de lo mismo pero dicho u opinado de otra manera.
He ahí la más convencional realidad en unos medios con total libertad para informar. Medios que se parecen o que responden a unas estructuras tan repetidas que la innovación o no existe o se ve acotada en franjas horarias desechadas por los anunciantes. Se parecen a la libertad de precios de los carburantes: todos cobran igual por ofrecer lo mismo cuando se dice que el mercado es más ¿libre? que nunca.
¿Libertad de información o repetición de la misma información formalmente escogida?
Nunca lo sabremos todo, pero sí intentaremos adentrarnos en ese curioso mundo de la información, imprescindible y muy interesante pero también sometido a los vaivenes del mercado.

Cristos y hostias

Curiosos los sinsentidos para unos, las complicidades para otros y las interpretaciones para la mayoría.
Este fin de semana los que no nos gusta el fútbol hemos visto, en las múltiples repeticiones televisivas, cómo un jugador de un equipo sevillano dejaba casi fuera del combate futbolero a un rival. El resultado nos lo enseñan alternando su salida del campo con la puerta de la UCI hospitalaria. Esta barbaridad deportiva (una más: la penúltima)es un buen ejemplo y muy educativo para quienes esperan disculpas y encuentran justificaciones.
Pero no sólo eso. MIentras el presidente del club culpa a la prensa de sus "gilipolleces" (sic), un Cristo sevillano recibe el tradicoional ramo de flores que el club le ofrece por esta santa semana.
¿Contradicciones de la vida? Una más en las que todos estamos inmersos. Cervantes nos recordaría aquel refrán castellano: "A Dios rogando y con el mazo dando".

Medios y basuras

Las polémicas en torno a qué se debe poner y qué no en la televisión son inacabables. Entre otras razones, porque parece que las amenazas y los terrores nos atacan por todas partes. Entre más información, ¿más miedos? ¿o más formación siempre? ¿o formación continua con o sin prohibición?.

La duda está en qué es formación y qué no, o dónde se aprende y dónde no, o qué de lo que se aporende sirve para algo y qué es basura (reciclable o compost reutilizable a la larga). Los medios, las escuelas, las calles, las personas, el silencio, la vida, he ahí nuestro paisaje.

Cuando se puso de moda la persecución inquisitorial a los contenidos televisivos "basura", por todas partes se veía el "coco" basurero. Desde múltiples púlpitos laicos se rasgaban las vestiduras por la formación de nuestros infantes. Todo era malformación de conciencias viendo lo que los adultos les ponían en sus pantallas. Y los mismos adultos polemizaban por lo que éstos les dejaban ver en ese aparcadero infantil llamado "sala de estar". Pero no correspondía a este nuevo género basuril los anuncios, las noticias manipuladas, el periodismo de declaraciones, lo que no se publica, las campañas de imagen, las películas pornográficas y violentas a partir de las 22 horas, la cruda y mediocre realidad de la mayoría de nosotros. O ese pensamiento uniforme, igualitario y continuista.

Hace falta producir basura para que los trabajadores nocturnos la recojan y así no verla. Pero, claro, basura se crea porque todo es tan aséptico que los desperdicios son mayores que los contenidos. Y estos son tan bajos de calorías mentales que casi son volátiles. Pero también la vida es eso: un medio con la basura de por medio. ¿Si no se ve no existe?

Sin embargo, el que esté libre de la basura que lo diga. Si no, observad cómo una de las televisiones autonómicas con más calidad y que más dice no poner basura, consigue su máxima audiencia con una serie en la que hay una violación. Lo debía exigir un guión previamente establecido para crear un clima adecuado que hiciera disparar el share de las audiencias. Y todos tan contentos. Una gran punta de televidentes y nosotros somos los buenos, la basura son los otros.

Bush y sus muertos o vivos preferidos

Asustados estamos con tantas ideas con la muerte de por medio. Una mujer que no la dejan morir y la muerte que la convierten en protagonista en Irak. He ahí la más penosa realidad. La más triste realidad es que un gran grupo de conservadores muy conservadores está conduciendo las riendas del presidente de los presidentes. Puede parecer una pequeña gota de agua en medio de tantos miles de millones de personas que habitamos aquí. Pero ahí tenéis los resultados. De gotas a tsunamis ideológicos que se introducen poco a poco en nuestras conciencias. ¿Nos resistimos? Es la única arma pero, tranquilos, ya se encargarán de convencernos. O, si no lo consiguen, siempre les queda el recurso de decir que el mundo árabe es el culpable de todo. Hasta de esas pequeñas gotas que nos arrastran a estos lodos.