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el informador informal

paisajes desde la memoria

La enormidad de los paisajes son un adelanto de lo infinito del mundo. Fíjate cómo la vista se pierde en la lejanía para que la situación se vaya repitiendo. El cielo arriba es el tejado que guarda la naturaleza sometida a los ritmos propios de eso que algunos denominan Gaia, o subordinada a ese ser que la puede cuidar pero, desgraciadamente, sus agresiones son más predominantes.
Te gustan las interpretaciones del medio. Hay tantas como intereses, historias y personas que por allí han pasado o que ahora viven. Nos quedan los restos de las culturas anteriores o de las actuaciones de cualquier persona. Pasear y entender el paisaje es lo que persigues que te cuenten quienes han interiorizado un lugar en donde han ido. Por eso para ti el turismo no te acaba de convencer. Dices que lo que más lo justifica son las divisas y la riqueza que genera pero a un precio muy elevado. Ya sé que te apoyas en el desastre urbanístico de playas y montañas, en desmanes de todo tipo, en edificios ocupados veinte días al año, en la mala educación de algunos colectivos y en el aborregamiento de la masa cuando el asueto les obnubila el cerebro.
Intento convencerte de que los viajeros de antes aún existen, que hay quienes siendo masa intentan buscar la diferencia con sus visiones personales avaladas por la cultura. Pero no. Veo que discutes ardorosamente el fenómeno de salir en estampida cuando todos, todos juntos vamos a parecidos sitios, marchando o volviendo a parecidas horas. Después vienen los colapsos muy organizados y el derroche de tantos nervios y energía. Y también las muestras de aquella cultura captada en formato digital, con el típico recuerdo o la camiseta alusiva con la que publicamos que estuvimos allí.
Por otra parte, los paisajes tienen memoria. La desconocemos en su mayor parte. A medida que nos hacemos mayores se reducen los testimonios de los testigos directos de los cambios. Mueren y se cierra esa enciclopedia con una interpretación del medio. Nadie nos explicará ese camino a dónde va o por qué se hizo, de quién es ese terreno, las anécdotas comunitarias fruto de los trabajos y la convivencia vecinal, quiénes plantaron aquel bosque o ese árbol, los constructores de esa casa o cuántas generaciones tocaron con sus manos ese antiguo cerrojo de la puerta principal de esa casa. Nadie más lo explicará. La vida privada no pertenece a la historia pública. Pasaremos por allí, admiraremos los bosques, haremos un chiste con una aparente horrorosa construcción, nos preguntaremos para qué servía ese supuesto invento sin explicación. Tendremos fotos, explicaremos nuestra experiencia pero nos faltará la exacta realidad que nadie recogerá en ningún libro.
El tiempo es el gran aliado de la vida. Nuestra memoria - la tuya también - explicará las observaciones desde la cultura personal. Por eso intento despertarte aún más la curiosidad intelectual, la búsqueda continua del conocimiento y el trato directo con la gente de cada sitio.
Bueno, me debería explicar mejor, yo soy el primero que te predico con el ejemplo. Aún me queda mucho camino por recorrer, o descifrar muchos paisajes físicos y humanos para salir de mi estado de turista de paso.
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