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el informador informal

Las modernas memorias del presente

El 23 de febrero de 2006 fui un importante referente de consulta para recordar hechos pasados que aquel profesor quería trabajar con sus alumnos de secundaria en clase. Tanto él como ellos me conocen cada muy bien. Saben que cada vez estoy más presente en sus vidas. Confían en mí, me miran como una ventana abierta al mundo, como fuente de consulta, de información, de diversión y, por supuesto, también para aprender. No es que le haga la competencia a sus profesores aunque éstos a veces me miran con desconfianza, me tienen respeto porque les cuesta entenderme, si bien observan que no somos incompatibles y podemos ayudarnos mutuamente. En pocos años de mi existencia ya ocupo un lugar destacado en ña sociedad. Además, mis continuos progresos significan avances imparables aunque, para qué negarlo, con ciertos inconvenientes.Aquel 23 de febrero usaron mis capacidades para aprender haciendo una interesante retrospectiva histórica. De sobra sabia aquel profesor qué pasó hace veinticinco años en España. Aquel día impartía clases en un centro docente situado en un barrio obrero de una ciudada catalana industrial. Aquella tarde se asustó con la retransmisión en directo de la cadena SER (silenciada después), con las imágenes de aquella cámara de televisión (girada a continuación) y con las actitudes amenazantes de los que querían coartar la joven democracia española. El profesor tuvo miedo, fue una noche muy dura en la historia de este país, pero también una fuente de inspiración para la clase del día siguiente.Aquel día, hace veinticinco años, se saltó el orden de las clases. Los primeros minutos definieron el único contenido del día. Trató de interpretarle a sus alumnos de trece años qué había pasado, qué ocurría según los medios de comunicación que seguían en directo y cómo podía acabar todo a medida que se entreveía el desenlace final. En ese barrio obrero sus alumnos repewtían en clase los improperios que habían escuchado en su casa, provenientes de familias emograntes que habían luchado contra el franquismo, algunos aún con cicatrices en el cuerpo a modo de heridas de guerra en sus confrontaciones con la policía. En medio de un ambiente tan caldeado, aquel joven profesor convirtió las clases de aquel 24 de febrero de 1981 en una demostración de lo que él podía hacer ante sus alumnos para contribuir a la salvación de la democracia. Su única arma, la palabra. Soy testigo de todo: fui yo quien le permitió mostrar a sus alumnos las reflexiones que había escrito en su blog, también les facilité la lectura de las reflexiones que muchos autores hacían años después, incluso les permití que vieran las históricas imágenes y escucharan los gritos cuarteleros de los “salvadores” de la patria. Ellos ya venían con una idea preconcebida del intento de golpe de Estado. Las televisiones llevaban una semana con informaciones e interpretaciones que situaban los hechos pasados no sólo a quienes lo vivieron, sino a las generaciones posteriores. Durante la clase fui testigo de que los alumnos aún notaron cómo a su profesor se le transformaba la voz, cómo se emocionaba y se le humedecían los ojos tanto tiempo después. Todos estaban delante de mí y de él, en un instituto innovador y pionero en metodologías de trabajo impensables hace veinticinco años: un centro innovador en el uso de las Tecnologías de la Información y de la Comunicación (TIC), con muchos ordenadores fijos y portátiles, con muchas máquinas que preparan el futuro desde el presente. Me alegro por todo esto porque yo ocupo el centro de este proyecto, en mí convergen parte de las directrices de la enseñanza del mañana que en este instituto ya se imparte hoy. El profesor usó hechos históricos utilizándome a mí y a muchos como yo porque creía en su tarea docente ligada a la actual evolución de la sociedad, lo mismo que también hacía en aquel lejano mes de febrero cuando empezaba: no disponía de lo de hoy pero creía que su `profesión debía servir para impulsar un modelo de enseñanza pública de calidad. Siempre creyó  que era la única vía para esa utopía de la sociedad más justa, más libre y más solidaria. Fue progresista antes y lo sigue siendo ahora, a pesar de algunas voces melancólicas cuando comparan la actual enseñanza con la de antes. Tantas tecnologías me fortalecían. Yo, en medio, con mi portentosa memoria capaz de dar y de recibir, de archivar, de compartir, de mediar en los progresos, de ayudar a generar conocimiento, de ponerlo al alcance de todos. De obligar a que ellos olviden sus razonamientos aparentemente lógicos y se rindan a mi forma de ser. Yo también tengo mi lógica. Al fin y al cabo, fueron ellos quienes me facilitaron la existencia. El profesor, en sus explicaciones, recurría a mí; el alumnado, encantado de usarme y de conocerme. Si alguna vez los defraudé fue porque no respetaban mis reglas y alteraban mi forma de ser con sucedáneos de mala calidad. Pero me miraban. Primero, todos a la vez, sus ojos proyectados en una pantalla donde, gracias a mí, todos se enteraban de los pensamientos escritos de su profesor, accedían a la actualidad y también podían mostrar sus pensamientos y creaciones. Para eso me usaron este pasado 23 de febrero de 2006. Las TIC al servicio del aprendizaje de los peligros que pueden acechar a la democracia y a la convivencia. El profesor les fue mostrando los dossieres especiales de los diarios digitales, vídeos, grabaciones antiguas y actuales. Fue gracioso que algunos alumnos, tan descarados y sinceros ellos, compararan aquellas escenas cuarteleras con las que habían visto en algunas películas sobre dictadores o en películas de guerra. Otros creían que era un montaje humorístico típico de esos programas de televisión que adecúan la realidad a sus objetivos. Incluso un alumno muy creativo y divertido aludió al carnaval que se celebraba por esos días para ironizar y reírse de aquellos guardias civiles con el “coño” en la boca (sic), con ese sombrero tan raro, gritando como energúmenos y obligando a todos a esperar la incompetencia de aquella supuesta autoridad venidera. Otra vez yo era mudo testigo de que el profesor volvía a emocionarse. Con la voz entrecortada les aseguraba que todo fue cierto, que las informaciones virtuales que veían en las pantallas un nefasto día fueron reales. En realidad yo le admiraba su capacidad de aprender hasta de sus alumnos, pues a menudo ellos sabían más de mis interioridades que él. Pero tenía el valor de implicarse en las TIC, su continua curiosidad le llevaba a explorar mi otro yo más interior. Y eso que a menudo yo sufría tantos maltratos que dejaba de ofrecerles mis servicios.Les enseñé su blog y noté cómo sus alumnos se maravillaban del relato que había escrito para que ellos entendieran los cambios en la enseñanza. Les intrigaba descubrir la historia de esos cambios, más que nada para saber si era verdad eso que habían oído referente a que si ahora viniera un profesor de hace algún siglo atrás no tendría problemas en usar sus métodos. No, en el caso de éste y de otros profesores no debía ser cierto o, por lo menos, no se notaba. De lo contrario no se entendían tantos ordenadores en las aulas, tantas discusiones sobre métodos de enseñanza, tantos titulares aparecidos en los diarios digitales, tantos sesudos análisis y tantas personas dándole vueltas a la educación de las generaciones. Sin embargo, no era fácil hacerlo a una generación cada vez más audiovisual. Yo lo entendía, sobre todo por el uso que a mí me daban. El profesor no se remontaba a tiempos muy lejanos. Partía de su época, en la que usaban la pizarra y el pizarrín en clase, objetos desconocidos para los actuales alumnos de este centro, que usan con asiduidad las Pizarras Digitales Interactivas (PDI), los proyectores, ordenadores fijos y portátiles sin cables. Su blog explicaba que sí hubo cambios pero tampoco tantos. Insistía en que las mayores novedades radicaban en tantas leyes, reformas educativas, ministros y más ministros que se estrenaban con aparentes novedades que a veces no lo eran tanto. Mucha burocracia que se sustentaba al final en el amplio colectivo de trabajadores que eran los que debían trasladar a las aulas tantas bondades difundidas por los dirigentes de turno. El blog decía que los mandatarios iban cambiando mientras los profesores quedaban a expensas de la próxima novedad. Estaba convencido de que todo funcionaba gracias a la profesionalidad de la clase docente, a las ganas de aprender del alumnado y a la confianza que las familias depositaban en el sistema educativo. La suma de tanta evolución se acumulaba y la profesión, la edad y los cambios de la sociedad hicieron mella con la aparición de enfermedades profesionales, algunas depresiones, dudas y también con ilusiones para adaptarse a los nuevos tiempos. El texto de ese blog del 23 del último 23 de febrero concluía con palabras de esperanza, de adaptación y de progreso. Noté el entusiasmo que estas palabras transmitieron a sus pupilos mientras las leían cada uno en su ordenador. Era evidente que predicaba con el ejemplo y siempre fue el primero en enfrentarse con las novedades que podían hacer progresar la enseñanza. Aseguraba que había que partir de las enseñanzas y métodos tradicionales pero siempre con la vista puesta en las demandas del futuro. Casi nunca mencionó términos como decepción, derrotismo ni ese fácil pesimismo de quienes en esta profesión se quedan con los viejos tiempos, como si no supiéramos qué nos ofrecieron. Es cierto que cuando les enseño las noticias diarias que publican los diarios digitales  a veces hay denuncias contra enseñantes, testimonios de enseñantes a punto de tirar la toalla, adolescentes casi imposibles de reconducir hacia el aprendizaje, brotes de indisciplina, rebeldías varias y muchas y necesarias reivindicaciones sindicales. Cuando este profesor lee estas noticias me fijo en sus ademanes y siempre adopta una actitud de comprensión, pero también de escepticismo y recelos ante la imploración de que tiempos pasados fueron mejores. Como si quienes desataron aquel lejano 23 de febrero fueran precursores de avances inesperados. Noto que podría caer en esta actitud y sumarse a la lista de agravios. Comprende estas razones pero se instala en los avances, me mira a mí y a tantos como yo, ve la sociedad en que están sus alumnos, observa qué circula por la red de redes y decide que es él el que debe adaptarse a los nuevos tiempos. Y recuerda las palabras de un progresista ya fallecido: hacerlo así rejuvenece el espíritu. Al final todos sucumben a mis encantos. No queda más remedio. Represento una realidad que no tiene marcha atrás. Prueba de mi poder es mi portentosa memoria. Lo guardo todo y, cuando ya no cabe más, siempre hay soluciones. Mi representación física acoge a multitud de añadidos compatibles conmigo. No paran de inventarse objetos impensables hace años que cuelgan de las orejas de los alumnos, o los llevan en las manos o en sus mochilas. Cada uno dispone de las modernas representaciones de la memoria, son pequeños dispositivos que pueden almacenar tantos conocimientos como muchos libros. Los alumnos son expertos en usarlos y en consumirlos. Los manejan con rapidez y montan o desmontan todo con gran agilidad. Ellos siempre están conectados, siempre pendientes de mensajes externos, de músicas de moda, de imágenes de todo tipo, de textos casi sincréticos, de sonidos, logos, tonos, emoticones. Son las penúltimas creaciones de países orientales que ya inventan las futuras necesidades. Mi semblante está en todas partes porque hoy el don de la ubicuidad se llama Internet, MP3, teléfono móvil, videoconsola, portátil, servidor, portal, blog, web, Intranet, disco duro, chats, gigas, memoria externa, redes y más redes que nos rodean. A mí también. Entre todos brindamos muchas posibilidades para aprender, nos sentimos orgullosos de ayudar a transformar la enseñanza. Pero, ser precursores de tantas novedades también nos causa problemas. El principal, los ataques a nuestro interior, a nuestro sistema de funcionamiento y a nuestra memoria. No paran de atacar la moderna memoria de la humanidad. Menos mal que también existen los libros, los documentos impresos en papel. No son incompatibles con nosotros. Muchas voces de alarma se han oído en la enseñanza contra nuestras supuestas “maldades”. Los progresos técnicos siempre han estado sujetos a criticas. Y está bien que así ocurra. Yo soy el primero que veo a mucha gente delante de mí muchas horas del día. Casi todo el día pegados a maquinitas, a pantallas, a sonidos, a lo digital. Es el triunfo de lo analógico, de lo catódico, de lo digital. Pero también sé que nos deben situar en nuestro sitio. No debemos ser más importantes delo que somos. A ese profesor muchas veces le he oído decir a sus alumnos en mi presencia que nunca desperdicien el contacto físico, la conversación presencial, el tú a tú, la mirada, la palabra amable, la lectura pausada, la amistad, esos valores que también se pueden seguir cultivando de otra forma con el uso de todos nosotros. Él les anima a compatibilizar todos los sistemas de información y de aprendizaje, a no creerse todo lo que mis redes les ofrecemos, a desmitificar y a producir conocimientos. De hecho, predica con el ejemplo. A mí me usa y me para, me seduce y me incita a ayudarle. ¿Ejemplos? Muchos y muy interesantes. Todos están presentes en muchas memorias físicas, aunque él dice que las que más valora son las mentales. Su discurso llama siempre la atención de sus alumnos cuando resucita el valor de saber, de aprender, de confiar en las capacidades de cada uno. Yo le guardo muchas fotos digitales pero él predica el valor de la foto mental como un privilegio individual. Le archivo cientos de textos pero siempre dice que el mejor es el último no escrito, fruto de los nuevos pensamientos que surgen de los anteriores. Por delante de mí y de mis semejantes desfilan cada día muchos alumnos. Les veo sus caras, cómo van creciendo a medida que evoluciona su adolescencia. Las modas de la edad se notan en adornos de todo tipo, piercings, peinados, originales afeitados entre ellos, maquillajes originles entre ellas. Sin así, con más originalidad que antes. Lo explican las observaciones y estudios sociológicos que aparecen en las noticias digitales. Los califican como irresponsables en ocasiones pero más discutidores y activos que antes, con inquietudes, abiertos a las nuevas tendencias que yo les cuelo en sus mentes, más habladores, con otro concepto del respeto y con diversidad de intereses porque hoy la comunicación circula a más velocidad que la reflexión y las relaciones entre tantas informaciones en continua renovación. Me hace gracia cuando entran en tantas salas llenas de máquinas. Ellos llegan con las suyas personales ya conectadas y lo primero que hacen es poner en marcha su ordenador fijo o portátil según el caso. A veces ni siquiera desconectan la que traen. Mucha dispersión en la atención a tantos puntos distintos provocan un problema que yo les noto: no escuchan a su profesor. Pendientes de la tecnología, se olvidan de la persona. Y él les recuerda que la enseñanza virtual, la información y los recursos digitales nunca deben anular a quien personaliza la enseñanza en su profesión, él es quien les debe orientar en sus procesos y búsquedas. Así aprenderán a seleccionar en la red, a trabajar con criterio, a discernir, a elaborar y a crear nuevos conocimientos. Su profesor les recuerda en los textos de su blog el mismo mensaje que han oído muchas veces: el libro siempre ocupó un lugar muy destacado en la transmisión y enseñanza delos saberes a lo largo de la historia. Ha de seguir siendo un referente imprescindible aunque no es incompatible con los nuevos recursos y herramientas, los cuales también ya son imprescindibles. Me gusta escucharle este consejo, me enorgullezco de mis poderes. En este aniversario de aquellos hechos, me usaron para leer más informaciones que los artículos que valoraban la actualidad de aquellos recuerdos. Las pantallas mostraban temas nuevos, impensables años atrás, pero habia otros casi eternos. Tanto unos como otros encajan en las explicaciones globalizadoras del profesor. Solia insistir en que la condición humana suele repetirse, que las noticias se crean pero no se inventan, que el estudio de la historia de la humanidad sirve para evitar el factor sorpresa de la actualidad y  para interpretar las claves que suelen adelentarse al futuro. La gripe aviaria estab presente en todos los puntos informativos, igual que no hace tanto tiempo las vacas locas o el aceite de colza centraban el interés que podía atentar contra el grado de bienestar indivual. Los presos etarras en la cárcel o fuera de ella, un tema de ahora y de antes. Un alumno denuncia por acoso a otro que empezó a pegarle hace unos cuantos años. Sí, antes la violencia en las aulas también existía, entre otras razones – les decía el profesor- porque  era un método muy usado por el mismo profesorado, por las familias y por el sistema en general. Con el agravante de que no se difundían denuncias porque eran impensables. Padres piden la retirada de los crucifijos de las clases. Impensable en los tiempos que pedían que volvieran los de aquel 23 de febrero de 1981. Hoy siguen expuestos en centros confesionales y, aunque no estén, se les respetan en los centros públicos. A pesar de las soflamas de algunos diigentes políticos conservadores o de los sectores eclesiásticos. Por delante de mí, en este instituto público, pasan alumnos y profesores  de diversas religiones. Sin porblmas y con respeto. La violencia contra las mujeres se ha cobrado una nueva víctima. Le preguntaban si antes también existía. Les respondía que, desgraciadamente, en muchos pueblos y ciudades la gente comentaba muchos casos aunque no sabía que solieran conducir a la muerte. Pero también eran víctimas: de esa violencia, del machismo más feroz, de las borracheras de los maridos, del oficio sus labores, de la sumisión, de la falta de igualdad o de la falta de acceso con libertad a los métodos anticonceptivos o al aborto. La guerra en Irak se ha cobrado más víctimas mortales. Las guerras ahí han estado, no en Irak pero sí en Vietnam, Oriente Medio y tantos países que los medios de comunicación consideran de segunda fila.

Las noticias que buscaban por los recursos de Internet  siempre le preocuparon a aquel profesor. Era un devorador de la actualidad. Creía que había que usarla como un gancho matinal para cautivar la atención del alumno, para acercarle los acontecimientos mundiales y para que se preocupara por las otras personas. Años atrás siempre llevaba EL PAÍS, recortaba y pegaba noticias. chistes y fotos en  carteleras y murales. Poco a poco despertaba el interés por la actualidad y acercaba el periódico al alumnado. No era fácil porque entender una noticia requería contextualizarla y explicar muchas informaciones anteriores. Sin embargo, se veía como un sembrador que recogería los frutos tiempo después. El paso siguiente que perseguía era suscitar el placer de la escritura, el interés por explicarse  de forma correcta y facilitar la lectura de estos textos a los demás. Siempre los profesores mandaban redacciones, la escritura de textos narrativos, artículos y otras composiciones de géneros diversos. Leer y escribir, la base principal. Antes se leía por obligación y, voluntariamente, los niveles de lectura eran los que eran. Sólo había papel y pantalla de televisión. Y, mucho antes, el profesor les explicaba qué era eso de la censura. Para hacerlo usó un ejemplo que a nosotros nos parece indigno. Buscó esa noticia que dice que los buscadores más populares en Internet han sucumbido a las autoridades chinas para que, si quieren entrar en ese gran país, no puedan buscarse términos conflictivos para el gobierno chino, como por ejemplo “derechos humanos”. El negocio por encima de los más elementales derechos. Mis semejantes nos sentimos muy mal con estas modernas censuras. Pero leer, lo que se dice leer, tanto el alumnado como el profesorado manifiestan que se lee más. O sea, ese pesimismo tan recurrente se desmonta con encuestas que dicen que la gente joven lee más de lo que se cree. Antes eran libros, papeles. Hoy son muchas pantallas, también papeles, libros. Si es por mí, todo el día me utilizan para leer, escribir, consultar, copiar, enviar y publicar. En cuanto a las páginas web que miran, pues las hay de todas las tendencias. Eróticas y pornográficas, también. El profesor aseguraba que, tiempo ha, requisó algunas revistas de temática afín, una muestra de tantas como siempre han circulado por debajo de las mesas o en lugares privados.

Escribir era otra de las obsesiones, un tema recurrente para quejarse de lo mal que se compone hoy en día. En los escritos de su blog, ese profesor ve que el alumnado ahora escribe más que antes, sea en papel, en ordenador, en mensajes SMS o en cualquier otro soporte electrónico. No obstante, las faltas de ortografía le dan muchos quebraderos de cabeza. Antes y ahora. De todas formas, hoy cuenta con inestimables ayudas que difunde entre sus alumnos: los correctores ortográficos de los procesadores de textos y los diccionarios gratuitos en Internet. Lo dice y lo alienta con innovadoras publicaciones digitales de gran éxito. Antes se cansó de realizar revistas informativas en papel. Cada trimestre el alumnado llevaba a su casa el resultado de muchos trabajos del centro. Hoy, nosotros le hemos facilitado la labor con los recursos tan atractivos que ponemos a su disposición. La comunidad educativa de ese instituto ha puesto en marcha una web, una Intranet, una revista digital de información continua sobre la actualidad del centro y muchos blogs personales. Estamos orgullosos porque nosotros, los ordenadores, contribuimos al máximo a su éxito. Cada clic que alguien hace desde cualquier lugar del mundo a la web nos enorgullece y reafirma nuestro poder. No, nosotros ya no somos el futuro, nadie sabe cómo será al paso que vamos. Una vez ese profesor les dijo que en los últimos cien años ha habido más avances que en toda la anterior historia de la humanidad. Por tanto, nos conformaremos con que nos adapten a un presente tan cambiante. Hoy casi no sabemos cómo será mañana. Nuestro precio y prestaciones quedan anticuadas al cabo de poco tiempo.  A nosotros nos modifican cada día con textos, gráficos, configuraciones, más programas, parches, antivirus, discos duros, más memoria. Entendernos es difícil pero no imposible. Notamos que las nuevas generaciones no nos tienen miedo, se atreven a experimentar, prueban, son autodidactas y comparten.

Os explicaba que en este centro estamos conectados durante todo el horario lectivo. Cuando acaba la jornada nuestro cerebro central sigue trabajando para que la web facilite las consultas a la información continua y a los documentos de las asignaturas. Son, sin duda, cambios inimaginables en la enseñanza de aquellos tiempos, según el profesor. A veces piensa en alto delante de la clase y juega a imaginarse cómo sería él ahora si hubiera utilizado tantos adelantos cuando  estudiaba. Insiste en ello para ver si convence a los más pasivos pero de sobra sabe que cada tiempo tiene sus sistemas y sus personas. Escribir, lo que se dice escribir, aquí se practica mucho. Con la posibilidad de contar con la publicación inmediata  de los textos, acompañados de fotos. Él, que le gusta interpretar los resultados desde la reflexión y la distancia, extrae conclusiones muy positivas de la implicación escolar en el uso de las TIC.

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Postdata:

Recuerda que este texto lo enviamos a un concurso y no obtuvo ninguna mención. Quizá  tenías razón cuando te lo leí. No tiene calidad suficiente, decías, en las bases del concurso debían pedir memorias docentes al uso, con estructura tradicional. Experimentos distintos de los habituales son difíciles de leer o fáciles de tirar a la papelera. Pero seguiremos intentándolo.

     
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