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el informador informal

La imagen de las emociones

Si nos pretenden demostrar cada día que vivimos en la época de la imagen, puede que lo confirmemos o no si nos miramos en nuestro espejo (transgresor o ególatra) o bien observamos aquello que hay a nuestro alrededor. El entorno nos puede devolver tantas cosas adquiridas que, todas juntas, han conformado un espacio que se podría interpretar si analizáramos los significados de cada elemento uno por uno. ¿Por qué los tenemos? ¿Para qué sirven? ¿Siguen haciéndonos el servicio e ilusionándonos tanto como el día que los compramos?
Aquí una persona, aquí una imagen. La semiótica nos cercaría con sesudas interpretaciones en torno a yo y mis circunstancias (objetos, marcas, anhelos, dependencias, frustraciones).
Los publicistas lo saben muy bien: los anuncios, si no nos venden las supuestas emociones que tiene un producto, no son válidos como para conseguir los resultados previstos. Detrás de una marca hay un emoción para el comprador, aunque no tanto para la persona china o de cualquier maquila que deja su salud por nada y menos. Lucir una marca es “emocionante”, nos deslumbra y asumimos que le transmitimos a alguien tanta emoción que la compra para repetir la secuencia mercantil, y así sucesivamente. Nos están “fabricando” así y, si lo sabemos, el impulso de la ilusión del producto corre un tupido velo sobre esa otra realidad.
Esta continua fábrica de mundos que es nuestro entorno podría hacernos sospechar a qué obedece cada impacto publicitario que recibimos: si nos crean una necesidad que desconocíamos o responden a una necesidad no cubierta que teníamos. Es curioso pensar si ese anuncio que nos enerva las emociones nos traslada a otros mundos o bien forma parte de esa franja de irrealidad, de ensueño, de “paraíso” cercano y al alcance de la mano (con o sin “ayuda” del banco) en el que nos refugiamos a modo de diván que resuelva algunas carencias personales.
Las emociones de tantos impactos sociales y mediáticos nos influyen en nuestra imagen, la cual nos identifica con aquello que nos han prometido. Pero en medio hay espacios de pensamiento y de discriminación crítica. Poco a poco abundan sectores más concienciados con este sistema, aunque estas corrientes de opinión también pueden ser víctimas de procesos parecidos a los de las mayorías. De todas formas, como humanos que somos, nos consolamos con recursos diversos que nos remuevan ese interior que nos provoca la transmisión de la felicidad al exterior. ¿O también será imagen?
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