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el informador informal

Hablemos claro: cómo convencer

Tú vas al instituto y se supone que te enseñan, tu familia hace su función, tus amistades, la televisión...son tantos los medios que intentan convencerte que, si no lo estás, es porque eres tú misma y discriminas con razones casi siempre. De sobra sabes que una princesa como tú a menudo se deja llevar por la intempestiva adolescencia. Estoy contento porque cada día reflexionas más y seleccionas mejor y con más criterio. Me preguntas de vez en cuando qué es educar y qué diferencia hay entre enseñar información, pensar por ti misma y querer convencer. Sabes que intento ser prudente y evito pontificar. Pero creo que los profesionales de la enseñanza se podrían plantear las mismas dudas que te haces y me trasladas a mí.
Convencer, palabra mágica que está en el fondo de muchas actuaciones humanas. No es tan fácil como los publicitarios creen. También es cierto que todo depende de muchos factores y que el consumismo es un efecto de la publicidad del gran consumo, cuyos excelentes resultados serían la consecuencia de la capacidad de persuasión. Vosotras, las adolescentes, sois un gran público para tantos mensajes. Pero también los adultos. No obstante, es más fácil pedir unas zapatillas por su marca que dejar de fumar o evitar las drogas por un anuncio.
En teoría, en las escuelas se enseña, se convence, se prepara y no sé cuántos objetivos más figuran en la declaración de intenciones de cualquier centro educativo. Tú puedes hablar de los resultados conseguidos. Después, nos dejamos convencer más de lo necesario por unos mensajes y somos impermeables a otros.
No te rías si repito tus palabras, entre tus amistades decís que las campañas contra las drogas, contra el fumar y contra el exceso de velocidad sólo sirven para ganar premios las agencias publicitarias y para engrosar sus cuentas de resultados. No es un recurso efectivo para penetrar en la mentalidad joven. Cuando te pido ideas para ser más efectivos, no sabes no contestas. Supongo que tendrás razón, como casi siempre. Y no me digas lo que dice tu padre porque sospecho que, desgraciadamente, es un sistema más efectivo que las razones: sólo nos convencen con la línea dura, multas, cárcel o enfermedades.
Con lo fácil que sería que el mejor publicitario fuera cada uno consigo mismo.
De informar a convencer respetando, he ahí un gran reto.
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