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el informador informal

Los ataques a la defensa

Sigues la actualidad con tanto ímpetu adolescente que te sacan de los nervios veraniegos los que atentan a tus principios más hondos. Ya sé que cada vez que nos vemos la actualidad es uno de nuestros temas preferidos. Solemos coincidir en muchas interpretaciones, cosa que a mí me rejuvenece el espíritu aunque no el carnet de identidad. Las diferencias a menudo radican en la energía para sublevarte contra la marcha de unos acontecimientos que se podrían conducir de otra forma. Te lo repito con frecuencia, si me ves leyendo con pasión los temas económicos, si empiezo los diarios por las páginas del dinero es porque estas noticias suelen extender sus tentáculos sobre muchas otras secciones del diario. No es justo que ocurra pero ahí está. Los negocios mandan sobre la política, que a su vez manda sobre lo militar, la medicina, los medios de comunicación, la enseñanza, la religión, etc.
Déjate de tus rollos y vete al grano, es intolerable la existencia de ejércitos y que sus miembros tengan que morir hasta en misiones de protección humanitaria. Así te expresabas, con mucha vehemencia pacifista. Como si no se supiera que uno de los peligros que tiene pertenecer a un ejército siempre ha sido la posibilidad de morir. Suscribía tus juicios cuando nos resultaba incomprensible la retirada de tropas españolas de Irak y no de Afganistán. Lo dijimos hace meses. De hecho estábamos en contra de todas las tropas, de su existencia y de tanta justificación de la necesidad de la defensa. Soldados armados hasta los dientes en misiones humanitarias dentro de un país en guerra y con el terrorismo como una realidad diaria usada por los más débiles. Nos parecían contradicciones propias de quienes quizá no éramos capaces de entender lo que para los del uniforme estaba muy claro.
La defensa se defiende atacando y también recibe las represalias del bando contrario. En medio máquinas, personas, fenómenos meteorológicos, cansancio, despistes y muertes. No sabemos lo que vale la muerte de estos militares, incluyendo ceremonias, desplazamientos, actos, honores, parafernalia, etc. Comprendo tu crispación, me veo reflejado en ella y eso que el ministro del ramo nos cae bien. Pero como despreciamos el fondo de la cuestión y el cuerpo en sí (no las personas) suscribiremos aquella frase de un pacifista cuando decía que lo mejor que se puede hacer de todos los militares del mundo es no hablar de ellos. Punto final.
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