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el informador informal

Nuevas ideas desde la economía

A menudo me preguntas la razón por la que me interesa tanto la economía. A mí que no tengo ni dinero ni inversiones en ninguna empresa. Ni adoro el capitalismo salvaje ni el comunismo trasnochado. Tampoco soy consultor, asesor, incitador o acaparador de dinero ajeno para quedarme con una comisión fija y devolverles las plusvalías fruto del trabajo y sudores ajenos.
Te respondo con parecidos argumentos. Entre la política y la economía, ésta es la que se lleva el gato al agua aunque sea con la connivencia de los mal llamados padres de la patria. De poco vale diseñar planes económicos excelentes si tal o cual empresa, cuyos amos son determinadas personas, alega que un trabajador español les cuesta más que diez rumanos o veinte chinos. Es un mercado y quien puede desmantela aquí para instalar allí, desinstalar cuando le convenga y seguir con el turismo empresarial en otra parte.
Fíjate en la nueva moda de los fondos de inversión que compran empresas. Las tienen un tiempo, las sanean echando a una parte de la plantilla a la calle, la aguantan un tiempo y hacen como quienes compran un piso para venderlo un tiempo después y obtener buenos dividendos. Pura especulación con el trabajo y las hipotecas ajenas. Pues esto también es la economía.
Sin embargo, me atrae por las ideas tan innovadoras que se cuecen aquí y después a veces se trasladan a la vida diaria. Nuevas formas de organización, ideas nuevas que se experimentan con la posibilidad de fracasar o triunfar, o ese departamento de innovación más desarrollo al que se la van sumando otros objetivos.
Quitando el lado salvaje de la economía, la terrible explotación de las personas, hoy existen ideas que sería interesante trasladar a la vida social, a la educación. Por ejemplo, ese principio de gestión al estilo japonés que se propone el trabajo conjunto para el bien común. O ese parque dedicado a la creatividad que una escuela de negocios catalana pronto pondrá en marcha.
No sé si te imaginas el atrevimiento que puede significar tener un espacio para la creatividad. Me dirás que para ejercerla no hace falta una inversión de muchos millones de euros. No obstante, si todos nos esforzáramos en innovar, en desarrollar nuevas ideas o actitudes, en gestionar mejor los conocimientos y en ser más creativos, quizá todo se beneficiaría de un gran cambio. Claro que también podría suceder que las cuentas de resultados fueran negativas y el fracaso, estrepitoso.
De todas formas, piensa que es muy importante arriesgar cuando la innovación y la creatividad te impulsan a mejorar lo presente o a sorprender con algo mejor. Ánimo.
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