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el informador informal

La política más la economía más el deporte: un buen tripartito

Ya viste, ayer nos falló la tecnología que nos permite escribir en formato digital nuestras conversaciones. La gente joven como tú está acostumbrada a llevar encima mucho aparatito. Ya lo hablamos en otras ocasiones. Ahora bien, si a vosotras ya os han cazado y se han asegurado buenos puestos de compra para muchos años, entre la gente adulta también son frecuentes casi tantos dispositivos electrónicos como en vosotras. Tú y yo juzgamos, opinamos, valoramos, seguro que nos confundimos a veces pero también somos parte de la mayoría.
Hoy ya estamos normalizados. El caso es que un día que falla el mensajero (Internet) lo echamos en falta como si lo hubiéramos tenido toda la vida. Le llamas a esto dependencia. Quizá es verdad. Puede ser una droga más que no nos hace superiores a nadie, ni más cultivados o con más juicio. Ayuda pero sin el trabajo de las neuras de nuestro ordenador central, el resultado es mediocre.
Aquí en este país, como en todos, muchas veces he compartido contigo la idea de que la economía manda por encima de cualquier otro poder. Te costó creerlo. Has visto el día a día. Lo entiendes mejor. No llevé ninguna sorpresa cuando interpretabas en voz alta las ganas de una empresa gasista y petrolífera y bancaria (tres en una) que pretende comprar a otra eléctrica. Decías que los políticos interpretaban a su manera un tema propio de empresarios. Que estos fueron los últimos en hablar y dijeron lo más políticamente correcto en beneficio de su jugada económica.
Las decisiones empresariales son carnaza para los bustos parlantes, que responden a la voz de su amo, a menudo con un claro trasfondo económico. No te alteres, es así este modelo en el que vivimos. Podemos criticarlo pero estamos en él y participamos activamente. Economía, política y la terecera pata de la junta directiva, el deporte entendido ahora como negocio y espectáculo. Fíjate la que han montado aquí en Cataluña con lo del Estatuto, que a la mayoría de la población no le interesa en absoluto. Ellos se miran en su ombligo, amasan las ideas, las interpretan, las matizan mientras se alimentan a sí mismos como si esto les sirviera para justificar el sueldo, las dietas, los viajes, los extras, las reuniones, las comidas, los gastos extra y los votos.
No contentos utilizan el deporte para pactar pancartas en campos de fútbol con la televisión y el orgullo nacionalista de por medio. Algún día explicarás tus opiniones sobre tanta palabrería derivada de nación. Si esto fueran recuerdos de aquel antiguo régimen, no haría falta adivinar el pensamiento de nadie ni su lugar en el espacio político. Pero ahora quizá sea muy incorrecto sólo el hecho de planteárselo.
Son los nuevos tiempos en que el bienestar y la ausencia de debates críticos nos incitan más a tapar las orejas con el Ipod, a hablar o enviar insulsos mensajes por el móvil o mirar lineales declamaciones de noticias adornadas con variopintos anuncios.
Tú y yo decimos esto porque a menudo nos da risa nuestra actitud. En eso coincidimos, vemos porque nos pasa aunque abrimos la mente para descubrirlo.
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